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La dolorosa suerte del vacío

“Guardo la dolorosa impresión de que si nací para algo, ya lo realicé: tal vez presenté a una pareja que hoy se ama; tal vez, sin saberlo, mi falta de aspiraciones permitió el ascenso de más de uno en la oficina. Sin dramatismo, sin ruido, me deslizo hacia la confortable costumbre de no ser nada”, dice uno de los personajes de Los mataderos de la noche, de Daniel Rodríguez Barrón.

Se trata de hombres y mujeres que parecen comprobar la idea de que somos más los que nos movemos por la vida por inercia y no por convicción. Está un grupo de yoga convertido en un feroz conjunto de críticos literarios y una escritora decidida a defender su obra hasta donde sea necesario. Hay también una viuda que compartió sus días con un dealer y ahora se dedica a engañar a mujeres ricas lo mismo con lecturas de mano, con cartas del tarot o con la vivisección de animales y niños deformes. Y una extraña versión de El curioso caso de Benjamin Button, en la que un viejo está convencido de que su esposa no ha muerto y vive su vida en sentido contrario.

En muy pocas páginas, Los mataderos de la noche consigue atrapar al lector con su prosa directa y sus historias tristes, llenas de sorpresas y de morbo, en las que se habla de una forma muy particular sobre el vacío, el miedo, la desesperación y la soledad.

Los mataderos de la noche, Daniel Rodríguez Barrón, La Cifra Editorial, Ciudad de México, 2015, 108 páginas

TEXTO POR: FERNANDO HERNÁNDEZ